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"El buen juicio hace al hombre paciente; su gloria es pasar por alto la ofensa" Proverbios 19:11

¿Se ha encontrado alguna vez en una situación en la cual alguien crea un problema y usted debe arreglarlo? Puede ser muy frustrante. Muchas veces le lleva a un ciclo de culpar y quejarse. Esta semana, siento que debo compartirles unas palabras de inspiración para esas áreas de su vida donde usted se siente víctima de sus circunstancias.

Puede tener razón, quizás alguien más debe ser culpado, pero culpando no le ayuda a usted a arreglar el problema o cumplir un reto. He visto que se puede lograr la meta más rápidamente si se cambia el enfoque:

Deje de lado la culpa y el rencor y empiece a buscar cómo lograr resolver la situación.

No podemos controlar todo lo que nos sucede, pero podemos controlar cómo respondemos a eso. Uno de los aspectos más importantes del crecimiento espiritual es cambiar el enfoque a buscar una solución en vez de ver quien es el culpable.

Cuando usted culpa a otros, está diciendo que: Otras personas deciden mi destino, otros deciden sobre mi felicidad, metas y futuro. Lo que suceda, si toma responsabilidad eso le da el poder para aprender y hacer mejoras en el futuro.
A veces es difícil admitir que otros no son los culpables. Mientras que nos da libertad confesar nuestra culpabilidad en los problemas que enfrentamos. Está bien estar equivocado o cometer un error en algunas ocasiones. Somos humanos, es parte de quienes somos: imperfectos. Las equivocaciones son la mejor forma de aprendizaje. En lugar de esconder o ignorar que algo no sucedió o que no es su culpa, por qué no se pregunta:
¿Qué puedo hacer distinto la próxima vez?

Cuando quise escribir un libro hace siete años y no lo lograba, culpaba a mi trabajo y la falta de tiempo. ¿Pero sabe? Eso fue inútil, ya que el libro no se escribió. Más bien, justificaba que yo no lo escribiera. No fue hasta que me cansé de culpar a mi horario, que puse lapicero contra papel y escribí.

Sea honesto consigo mismo. ¿Está culpando a alguien o algo por las circunstancias que usted detesta en su vida? ¿Se encuentra culpando a su jefe por retos financieros ya que no le pagan lo suficiente? ¿Culpa a sus familiares por los problemas, o al mundo por no abrir sus puertas de oportunidad? Sea que esté justificado o no, no se llega a las metas por medio de culpar y quejarse. De hecho, la vida muchas veces espera que tomemos responsabilidad, aprendamos la lección y ejercitemos la fe de que Dios nos puede ayudar a cambiar las circunstancias. Tal vez es la lección que Él le está ofreciendo hoy: No importa cómo llegó a este punto: sea en sus finanzas, relaciones, su salud o trabajo; lo que importa es que aprendió lo que debía y se persevera para seguir adelante.

Mi reto para usted esta semana:

Rehusé culpar. Cuando se sienta tentado a hacerlo, deténgase y pregunte: ¿Qué responsabilidad tengo yo en esta situación? ¿Qué acción me daría el poder para tomar control del problema en vez de sentirme como víctima de las circunstancias?

Piense también qué áreas de su vida son en las que más necesita aceptar responsabilidad y, cambiar su enfoque para resolver un asunto pendiente. ¿Cómo puede hacerlo diferente?

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