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¿Qué es lo que voy hacer con el resto de mi vida? ¿Dónde debo ir a estudiar? ¿Debo tomar este empleo, o hay algo mejor en el horizonte? ¿Con quién me debo casar?
La vida es una serie interminable de decisiones. ¿Cómo podemos saber si hacemos las decisiones correctas? ¿Deberíamos consultar el horóscopo? ¿Tal vez podríamos llamar a un psíquico? ¿Hacemos lo que dicen los expertos o lo que nos dice nuestro propio instinto?

¿Deberíamos ver hacía las estrellas – o debemos ver al Creador de las estrellas?

Recientemente recibí un correo electrónico en respuesta a mi artículo, El Arnés del Espíritu Santo, donde un lector de CBN.com hizo unas declaraciones que provocan meditación:
"Su artículo es típico a muchos libros que he leído. Todos hablan de lo que está haciendo el Espíritu Santo, pero no indica el ‘cómo’ saber que es la voz de Dios. Aun estoy por leer cualquier libro o artículo que pueda indicármelo. Es fácil decir que el Señor me dijo que dejara esto o aquello, y fui bendecido por esto. Cualquier persona que me presente una forma en la que uno puede estar seguro que la voz que oye es de Dios, no del hombre o Satanás, cambiaría el mundo. Seguro es por eso que no ha cambiado el mundo.”

Bueno, tengo buenas noticias para ti mi amigo, y para los demás – Dios quiere hablarnos y sí, puedes “conocer” que oyes su voz.

Dios quiere compartir y comunicarse con nosotros. Es una comunicación por dos partes. ¿Por qué? Porque no puedes tener una relación a menos de que haya un dialogó genuino. ¿Cómo conocemos a las personas? Comunicándonos con ellos. Al hablarles y escucharles.

Es lo mismo en nuestra relación con Dios. Él habla, nosotros oímos. Nosotros hablamos, él escucha.

Dios nos ama tanto que nos envió a Jesús a tomar nuestro lugar y morir por nosotros. Él hizo esto para que una vez más tuviéramos comunión con Él. En el libro de Hebreos, podemos ver que tenemos acceso a la presencia de Dios, “Así que, hermanos, mediante la sangre de Jesús, tenemos plena libertad para entrar en el Lugar Santísimo, por el camino nuevo y vivo que él nos ha abierto…” (Hebreos 10:19-20a).

También quiere que seamos llenos, bendecidos y exitosos en el plan que él ha establecido para nuestras vidas – para que seamos una reflexión de su amor y bendición en esta Tierra. En Jeremías 29:11 el Señor hace claro sus intenciones para ti y para mí, “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes, afirma el Señor, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.”

Vemos en Génesis 3:8a, “…oyeron el *hombre y la mujer que Dios andaba recorriendo el jardín…” Esto es como Dios quiere, de igual manera, relacionarse con nosotros hoy. El deseo de Dios es caminar y comunicarse con sus hijos.

Él quiere hablar con nosotros. Quiere que le escuchemos y hablemos también.

Hay más buenas noticias: podemos oír su voz. La Biblia, la carta de amor de Dios hacia la humanidad, nos deja claro que fuimos creados para tener estás dos vías de comunicación con él. Jesús nos dice en Juan 10:27, “Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen”.

Mientras estaba en la universidad, trabajé temporalmente en producción de videos en una estación de televisión pública de la localidad. Un día, el productor y yo íbamos a la grabación de un video con una joven que laboraba en el departamento de relaciones con los donantes. Durante el camino, ella nos dijo que, a pedido de su padre, había comprado un apartamento. Aun incómoda con el gran paso que acababa de dar, pensó en voz alta: “¿Cómo sabes si has tomado la decisión correcta en la vida?”

Esa es la pregunta del millón ¿no es así?

Pero como hijo(a) de Dios, no debemos caminar ciegamente. Podemos tener confianza que podremos oír su voz. El apóstol Pablo escribió en Romanos 8:14: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios”. Este pasaje quiere decir que si somos hijos de Dios, si hemos nacido de nuevo, seremos guiados por el Espíritu Santo.

Tenemos más certeza de esta promesa en el Salmo 37:23-24, “El Señor afirma los pasos del *hombre cuando le agrada su modo de vivir; podrá tropezar, pero no caerá, porque el Señor lo sostiene de la mano”. Dios ordenará nuestros pasos, aun cuando lo estropeemos, si realmente queremos hacer su voluntad, él nos levantará y nos dará una segunda oportunidad.
La parte más difícil de oir a Dios es el hecho que toma tiempo discernir Su voz, y se requiere además de un corazón humilde. Jeremías 29:12-13 dice: “Entonces ustedes me invocarán, y vendrán a suplicarme, y yo los escucharé. Me buscarán y me encontrarán, cuando me busquen de todo *corazón”.

No podemos hacerle demandas a Dios Todopoderoso. No podemos amenazar y decir: “está bien Dios, déjame oírte”. Pero podemos preguntar, buscar y tocar a la puerta y la Biblia promete que Dios abrirá la puerta. Dios se revelará a sí mismo a aquellos quienes le buscan humildemente.

El escritor de Proverbios describe la manera en que nuestros pensamientos e intenciones se alinean con la voluntad de Dios cuando nos sometemos por completo al Señor. “Pon en manos del Señor todas tus obras, y tus proyectos se cumplirán”.

El Señor se manifiesta a sí mismo a nosotros mientras le buscamos humildemente. El pasaje en Proverbios 3 lo hace más claro aun: “Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus *caminos, y él allanará tus sendas” (Proverbios 3:5-6).

Mi amigo señaló en su correo que hay tres tipos de voces que podemos oír – y él está en lo cierto. Ahora que sabemos que podemos oír la voz de Dios, necesitamos estar alertas al hecho que hay otras voces susurrando en nuestros oídos también. De hecho, hay tres voces que podemos oír: la voz de Dios, la voz de nuestros deseos carnales y la voz del diablo. Pero Jesús nos dice en Juan 10:4b y 5: “…va delante de ellas, y las ovejas lo siguen porque reconocen su voz. Pero a un desconocido jamás lo siguen; más bien, huyen de él porque no reconocen voces extrañas.”

El escritor de Hebreos nos dice que podemos entrenar a nuestro oído a reconocer la voz de Dios sobre todo el ruido. “En cambio, el alimento sólido es para los adultos, para los que tienen la capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo, pues han ejercitado su facultad de percepción espiritual” (Hebreos 5:14). Es al practicar, al usar, que logramos discernir si lo que oímos es Dios, nuestra carne o al diablo.

Isaías 30:21 dice: “Ya sea que te desvíes a la derecha o a la izquierda, tus oídos percibirán a tus espaldas una voz que te dirá: ‘Éste es el *camino; síguelo’.”

Así que Dios le hablará, y usted puede oír su voz, pero debes tener cuidado – especialmente cuando eres un cristiano joven – que puedas confirmar objetivamente que estás siguiendo al Espíritu Santo y no otra voz. Nuestra propia carne puede gritar bastante fuerte (especialmente bajo presión o cuando queremos algo con muchas ganas). Y el diablo es el padre de las mentiras: él es el gran engañador.

¿Cómo podemos saber cuándo estamos oyendo la voz de Dios? La Biblia nos da 7 claves básicas o filtros por los cuales cada indicación debe ser juzgada. Estamos listos para examinar cuidadosamente los pensamientos e intenciones de nuestro corazón, –y las palabras de personas consagradas quienes tal vez nos hayan influenciado con sus palabras y acciones–, por medio de estás siete claves:

  • Las Escrituras: “Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra” (II Timoteo 3:16-17).
  • El Espíritu Santo hablando a nuestro corazón: "Por tanto, este es el pacto que después de aquellos días estableceré con la casa de Israel, dice el Señor: Pondré mis leyes en su mente y las escribiré en su corazón. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Ya nadie enseñará a su prójimo, ni nadie enseñará a su hermano ni le dirá: '¡Conoce al Señor!” (Hebreos 8:10-11).
  • El profético (palabra de conocimiento, sabiduría y profecía profesional): "No apaguen el Espíritu, no desprecien las profecías, sométanlo todo a prueba, aférrense a lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:19-21).
  • Consejo santo: "Sin dirección, la nación fracasa; el éxito depende de los muchos consejeros” (Proverbios 11:14).
  • Confirmación: “Pero si no, lleva contigo a uno o dos más, para que 'todo asunto se haga constar por el testimonio de dos o tres testigos'.*” (Mateo 18:16).
  • La paz de Dios: “Que gobierne en sus corazones la paz de Cristo, a la cual fueron llamados en un solo cuerpo. Y sean agradecidos” (Colosenses 3:15).
  • Circunstancias/Tiempo: “Después de esto, Pablo se marchó de Atenas y se fue a Corinto. Allí se encontró con un judío llamado Aquila, natural del Ponto, y con su esposa Priscila. Hacía poco habían llegado de Italia, porque Claudio había mandado que todos los judíos fueran expulsados de Roma. Pablo fue a verlos y, como hacía tiendas de campaña al igual que ellos, se quedó para que trabajaran juntos” (Hechos 18:1-3 – esta relación entre Pablo, Aquila y Priscila – que resultó de circunstancias – se convirtió en una de las más importantes estrategias de socios que hay en el libro de Hechos).

Muchas veces el Señor confirmará su dirección a nosotros por medio de tres, cuatro o más de estás claves – especialmente cuando estamos en el proceso de tomar una decisión importante, que cambie vidas.

Todo llega a que, como ha dicho Pat Robertson por años, las grandes decisiones necesitan oración. En otras palabras, nos humillamos ante el Señor, buscamos su guianza para nuestras vidas, el Buen Pastor nos será fiel en llevarnos, “me infunde nuevas *fuerzas. Me guía por sendas de *justicia por amor a su *nombre.” (Salmo 23:3).

El Nuevo Testamento habla de los primeros discípulos – personas como Pablo, Aquila y Priscila – personas que oyeron la voz de Dios. Mi amigo quien escribió el correo estará contento de saber que se hizo un registro de ellos:
"¡Estos que han trastornado el mundo entero han venido también acá” (Hechos 17:6b).

Sí, mi amigo, puedes oír y conocer la voz de Dios. Y por esto el mundo está cambiando – quizás más de lo que has oído.

Por Craig von Buseck
Productor CBN.com