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vdev desobediencia

El primer caso que nos muestra la Biblia es el de Adán en Génesis 2:17 “Pero del árbol que está en medio del huerto, no comerás…” las consecuencias a ese acto de desobediencia están un capítulo después, en Génesis 3:17 “…Maldita será la tierra por tu causa…”

Dios demanda obediencia, porque nos ama y desea nuestro bienestar y seguridad.

Todas las fábricas de productos, tienen una serie de reglas y normas que son estrictamente para la seguridad y bienestar del empleado: Casco de protección; guantes, lentes y botas de seguridad. Y al empleado se le exige el uso del equipo de protección, porque de otra forma, no solo podría perder el trabajo, sino la vida, un brazo, una pierna. Y muchos en verdad la han perdido, pero no por culpa de la empresa. Es por la negligencia, por no haber obedecido las normas de seguridad. Y es después de un accidente, cuando el empleado pregunta: “¿Por qué no use el equipo de protección? De seguro no me hubiese pasado esto…

La mayoría de los empleados no tienen problemas en seguir al pie de la letra lo que se les pide que hagan, porque saben que es para su protección.

Pero cuando se trata de seguir lo que Dios establece, ese es ya otro cantar, es diferente… No le creemos a Dios ni lo que Él dice en su palabra. No creemos que Dios demanda obediencia, porque nos ama y desea nuestro bienestar y seguridad.

Ahora esto no significa, que no vamos a sufrir las consecuencias de nuestra desobediencia o de nuestros pecados. Muchas veces en su infinito amor Él ha evitado que esas consecuencias nos alcancen. Pero cuando insistimos en desobedecer sus mandamientos y actuamos en contra de su voluntad Él permite que suframos las duras consecuencias.

La Biblia nos habla de grandes hombres que sufrieron las duras consecuencias de su desobediencia.

Moisés, no pudo entrar a la tierra prometida.

Saúl, perdió el reino que Dios le había dado.

Sansón, perdió no solo la fuerza, pero la vida.

David, fue traicionado por alguno de sus hijos, y sus altos oficiales quienes intentaron quitarle la vida.

La esposa de Lot se convirtió en estatua de sal.

El hijo pródigo experimentó las duras consecuencias de su desobediencia, fue grande su ruina, fue grande su miseria, deseaba comer la comida de los cerdos.

¿Por qué nos cuesta tanto obedecer?

1. Porque hay una tendencia en el humano a hacer lo opuesto a lo que dios establece. Rom 7:15-23: “Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros”.

2. Ejemplos: Saúl, Sansón, la esposa de Lot, Jonás.

a. Pensamos que el consejo de Dios nos va a impedir ser felices.

3. Pensamos que el consejo de Dios va en contra de lo que queremos hacer.

4. No tenemos la fuerza de voluntad suficiente para dejar de hacer lo malo y hacer el bien.

5. Porque puede implicar el sacrificio de algo que no queremos sacrificar. Ejemplo: alejarnos de algunos llamado amigos.

6. Pensamos, que el mejor consejo me lo puedo dar yo mismo. Prov 14:12 “Hay camino que al hombre le parece derecho; Pero su fin es camino de muerte”.

7. No queremos que nadie se meta en nuestra vida.

8. Los resultados de la obediencia en muchos casos no son inmediatos… muchos prefieren seguir el consejo de vender drogas porque produce resultados inmediatos. Trabajar a largo plazo.

¿Qué hacer?

Ponernos a cuenta con Dios. Lo que hizo el pródigo.

Arrepentimiento y confesión. “Padre he pecado contra el cielo y contra ti, ya no soy digno de ser llamado tu hijo.”

El padre restauró al hijo. Dios quiere restaurarte a ti ahora mismo.

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