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Cuando tratamos de encontrar las razones por las cuales miles de personas no logran alcanzar las metas u objetivos que se proponen muchos se atreven a señalar lo que ellos consideran las razones más comunes o principales:

· Metas no realistas

· Muchas metas al mismo tiempo

· Ausencia de un plan de acción

· Ausencia de los recursos necesarios

· Y muchas otras razones…

Sin embargo, muy pocos señalan dos de los elementos más importantes, que se encuentran en la Biblia, Filipenses 2:13 : “Porque Dios es el que en vosotros obra así el querer como el hacer, por su buena voluntad”.

¿Qué quiere decir esto de que Él pone en vosotros tanto el querer como el hacer? Que Dios – por su buena voluntad – nos da 2 cosas en la vida:

1. El querer (la motivación)

2. El hacer (la fuerza de voluntad)

Independientemente de la meta o del objetivo que se quiera lograr dos ingredientes clave son la fuerza de voluntad y la motivación. Sin estos dos elementos usted no podrá lograr lo que se propone.

Puede tener un plan, puede tener los recursos, un cronograma a seguir, eso y mucho más, pero sin la fuerza de voluntad y sin la motivación, usted no llega a dónde quiere llegar.

Perder peso, por ejemplo, comparado con construir una casa, o terminar una carrera universitaria, es una meta sencilla de lograr, sin embargo es una meta que muchos, años tras años no logran alcanzar, porque no tienen la fuerza de voluntad.

Estos dos elementos vienen de Dios y Él quiere generarlos en aquellos que se acercan a Él para creer y confiar en Él, y para obedecerle.

Él pone en vosotros el querer como el hacer por su buena voluntad.

Cuando Moisés muere, Dios le da a Josué la misión de conducir al pueblo de Israel a la tierra prometida, y le prometió que Él estaría con él para siempre.

Lo hallamos en Josué 1:2-5: “Mi siervo Moisés es muerto: levántate pues ahora, y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel.

Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie.

Desde el desierto y este Líbano hasta el gran río Éufrates, toda la tierra de los Heteos hasta la gran mar del poniente del sol, será vuestro término.

Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida: como yo fui con Moisés, seré contigo; no te dejaré, ni te desampararé”.

Más adelante, en el versículo 9 de este mismo capítulo leemos: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente: no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios será contigo en donde quiera que fueres”.

Entonces, le pidió dos cosas: esfuerzo y valentía.

Lo primero que debemos hacer es acercarnos a Dios y reconocer que lo necesitamos a Él para lograr nuestras metas. Jesús dice en su palabra, en Juan 15:5: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que está en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque sin mí nada podéis hacer”.

Reconocer que la verdad explicada en 2 Timoteo 1:7: “Porque no nos ha dado Dios el espíritu de temor, sino el de fortaleza, y de amor, y de templanza”.

Por otra parte, recibieron poder cuando vino el espíritu santo sobre ellos y así pudieron lograr la gran meta, de predicar el evangelio en su tiempo, como lo leemos en Hechos 1:8: “Mas recibiréis la virtud del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros; y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, y Samaria, y hasta lo último de la tierra”.

Pasos prácticos

Haga una evaluación sincera y trate de encontrar las razones por las cuales no pudo lograr sus metas personales. Sea sincero, sincera.

Pregúntese, qué no hizo, que debió haber hecho. Por ejemplo: Vio mucha televisión, durmió demasiado, comió demasiado, fue impuntual, no actuó a tiempo, fue descuidado y negligente, no se esforzó, no buscó ayuda, no se preparó lo suficiente, etc.

Escriba claramente sus metas en orden de prioridad y avóquese primero a las más prioritarias. Una meta a la vez.

Escriba un pequeño plan de acción, es decir, los pasos necesarios para lograr sus metas.

Escriba esos pasos dentro de un calendario. Sea realista.

Determine los recursos que necesita para lograr sus metas.

Evalúe periódicamente si está avanzando en su plan.

Espere obstáculos, pero no se rinda cuando aparezcan.

Perseverancia es de vital importancia. Nos es necesaria la paciencia para poder lograrlo.

Un dicho en ingles dice: “No pain, no gain”… si no hay esfuerzo no hay ganancia. Le va a costar, pero ese esfuerzo tendrá una recompensa.

Recuerde siempre: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).

Finalizamos con Éxodo 35: 30-35

Y dijo Moisés a los hijos de Israel: Mirad, Jehová ha nombrado a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá; y lo ha llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría, en inteligencia, en ciencia y en todo arte, para proyectar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce, y en la talla de piedras de engaste, y en obra de madera, para trabajar en toda labor ingeniosa.

Y ha puesto en su corazón el que pueda enseñar, así él como Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan; y los ha llenado de sabiduría de corazón, para que hagan toda obra de arte y de invención, y de bordado en azul, en púrpura, en carmesí, en lino fino y en telar, para que hagan toda labor, e inventen todo diseño.

Mira la enseñanza completa aquí: https://www.youtube.com/watch?v=mZa7tk2FwsA

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