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carlosCarlos Antesana, de Lima, Perú, tuvo una infancia marcada por la violencia. A pesar de poseer habilidades especiales para los deportes, él no pudo evitar convertirse en esclavo de un horrible vicio.

 

El fútbol era su pasión y sus hazañas con la pelota emocionaban a la gente del barrio, sin embargo, cuando Carlos Antesana retornaba a su casa...

Carlos, "Yo veía pues que mi padre maltrataba a todos y la cosa más frustrante para mí, era ver que mi padre, golpeaba a mi madre y yo no poder hacer nada para defenderla".

La inevitable separación de sus padres, mas el terrible entorno social en cual crecía, tuvieron un devastador impacto en la vida de Carlos.

Carlos, "Yo empecé a drogarme a los 9 años,no solamente marihuana sino también pasta básica. Hacíamos "mixtos" y después a "inyectarnos" y comenzar con la coca y todas esas cosas".

Y entre hurtos, drogas y sangrientas peleas callejeras, Carlos se hizo adulto, y fue convocado a las ligas mayores de la delincuencia.

Carlos, "Pero la delincuencia me ganó, me llamaron a mí, vieron que tenía un potencial para el asalto, por el carácter violento que yo tenía, y yo comencé a asaltar con ellos. Ya yo comencé a organizar asaltos, tenía la mente para planificar el puesto y la forma como se hacían las cosas".

Entre drogas y delincuencia de alto nivel, todo parecía marchar perfecto en la vida de Carlos, hasta que un día...

Carlos, "Íbamos a meternos a una residencia y nos subimos a un carro y este chofer, se estrella contra un ómnibus de la policía. Nos capturaron con las armas, con todo. Y yo por ese delito; voy a la cárcel".

Pero la prisión solo le sirvió para que Carlos se hundiera aún más en una vida completamente depravada.

Carlos, "La cárcel te va consumiendo, tanto es así que yo comencé a ver a los hombres, como mujeres y hay una psicosis carcelaria que a los 2 años más o menos te ataca. Nosotros decidíamos con unos amigos, a quién volvíamos homosexual y a quién no lo volvíamos homosexual ¡nos habíamos vuelto depravados!"

Pero no solo su depravación lo acompañaba sino también, su exacerbada violencia.

Carlos, "Ya estando adentro tuve que aprender a vivir en esa prisión. A un montón de gente los he agraviado con la "chaveta". Para mí era un deleite saber que era el más "ranqueado" el más maleante".

Sin embargo, cuando la noche llegaba, unos sentimientos de frustración y amargura, se hacían presente, torturando su mente y su corazón.

Carlos, "Yo decía para mí mismo: ¡Soy una basura! Que no sirve para nada, ¡Nadie me quiere! Mi corazón estaba lleno de odio, de frustración, de amargura, sentía una voz en mi mente que siempre me decía: ¡Mátate! ¡Hazlo! ¡Tú no sirves para nada!"

Aquellos pensamientos, fueron sus compañeros de celda, hasta el día en que salió libre y estando en libertad...

Carlos, "No podía ni echarme ni boca abajo ni boca arriba, ni de costada, tenía un dolor tremendo. Se había metido un virus de malta y se había alojado en mi columna".

Aquel virus comenzó a doblegarlo.

Carlos, "Me llevaron al hospital de emergencia y el médico me dijo: ¡te vas a quedar paralítico! Y yo con mi dolor y con todo, me fui de rodillas al suelo y le pedí perdón a Dios por todo lo malo que yo había hecho y le dije: Señor si tú quieres, me puedes sanar".

Y a los pocos días efectivamente fue sanado, sin embargo...

Carlos, "Yo fui muy desagradecido con Él. ¡Duro! ¡Rebelde! eso hizo que yo volviera mi mirada hacia las drogas nuevamente".

Pero nada de lo que hacía, atenuaban sus sentimientos de muerte, que lo torturaban cada vez más.

Carlos, "Yo pensaba en morir, es por eso que, intenté quitarme la vida, varias veces. Era algo ya constante, era algo que me estaba machacando el cerebro".

Y tratando de que todo acabara.

Carlos, "Estábamos tomando, consumiendo drogas y todo eso. Uno de mis amigos se enferma".

Aquella sobredosis, terminó con la vida de aquel amigo, sin embargo también marcó la vida de Carlos.

Carlos, "Sinceramente, a mí me impacto tanto la muerte de este amigo porque habíamos pensado irnos a Colombia y pasearnos por Sudamérica, robando, asaltando. Esos planes se vinieron abajo con su muerte por supuesto. La enseñanza que me dejó a mí es que nuestra vida es tan ligera que en cualquier momento uno puede morir".

"Le tocó a él, no me tocó a mí, pero me dolió. Y la voz de él que me decía: Carlos anda a la iglesia. Fue algo tan fuerte, tan duro para mí que... ¡yo obedecí esa voz!"

Y cumpliendo la última voluntad del amigo muerto, Carlos comenzó a frecuentar aquella iglesia.

"En la iglesia, la gente no se me acercaba porque yo tenía una mirada de asesino. La palabra de Dios es agua pura que te va limpiando, poco a poco, gradualmente. Yo era fiel a la iglesia, a pesar de que no sentía nada, poco a poco fui sintiendo el poder de Dios y el efecto de la palabra de Dios, hasta que una vez el señor me habló tan claramente que me hizo tomar una decisión".

Una decisión que por primera vez le hizo clamar a Dios con todas sus fuerzas.

Carlos, "Yo le dije a Dios: Si tu puedes cambiarme, si tú me puedes dar amor y si tú puedes no sé, que tenga algo bueno en mi vida. Si tú puedes hacer algo en mi vida, algo que sea verdadero y que tenga amor y que pueda ser útil, yo te la entrego. Yo no quiero vivir para mí mismo, yo quiero vivir para ti. Yo no quiero vivir para mí, yo quiero vivir para ti Señor".

Luego de aquella oración Carlos comenzó a experimentar una transformación misteriosa en su vida.

"Me cambió totalmente. Me transformó mentalmente de adentro hacia afuera. ¡Me dio alegría! ¡Me dio paz! ¡Me dio un gozo indescriptible!"

Y de las adicciones que llevaba.
Carlos, "¡Nunca más las drogas! ¡Nunca más el alcohol! ¡Mi carácter Dios lo ha ido transformando, poco a poco!"

Pero Dios también tenía una compañera para su vida, Carmen con quien lleva muchos años de casados.

Carmen, "Yo le doy gracias a Dios por la vida de él, porque al correr estos veintiocho años, yo puedo estar segura que me ama ¡un hombre fiel! ¡Un hombre que ama a Dios también!

Carlos, "Yo no tengo palabras como agradecerle a Dios por todo lo que Él me ha dicho. Yo creo que hay dos pecados que uno puedo cometer por los cuales uno entra en un espiral descendente: no ser agradecido con Dios, y no darle la gloria a Dios con tu vida. Cuando voy a hacer algo yo tengo que pensar ¿lo qué estoy haciendo le da gloria a Dios? y si no lo hace entonces no lo hago".

Carlos tiene un mensaje para los que andan, como el anduvo, en el camino del dolor y la perdición.

Carlos, "Para Dios no hay nada imposible, Dios es un Dios de todo poder, y es un Dios de oportunidades, así como lo hizo conmigo, lo va a hacer con la vida de cualquier persona que quiera entregarse a Él, que quiera vivir con los principios de Él, seguir el propósito que Dios tiene para su vida".

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