 El constante abuso de su padre hacia su madre, hicieron en José Machiavello crecer el deseo de huir de la realidad por medio de las drogas.
El amor hacia su padre se volvió en temor, y siendo un adolescente, buscó amistades que pudieran darle el afecto que él quería, solo que esas amistades mayores, le enseñaron malas costumbres: tomar, fumar y robar fueron sus enseñanzas.
 La mariguana fue su leal amigo y desde ese momento el camino empeoró. Su vida se volvió solo para las drogas y su familia perdió toda esperanza en él.
Un día recibió una invitación que marcó aún más su destino. Un amor de adolescente lo invito a Bolivia, en donde la familia de la chica era militar con asociaciones de índole nazis, donde los miembros eran militares que huyeron de Europa tras la caída de Hitler.
Ahí conoció la verdadera mafia de Bolivia, y se convirtió en un “novio de la muerte”.
 José ya era un miembro del grupo pro nazis, quienes decomisaban drogas a pequeños distribuidores para salvaguardar los intereses del gobierno.
Su vida ya era parte de ellos, y vivía igual que ellos rodeados de mujeres, sexo y drogas. Pero paralelo a esa vida de fiesta los asesinatos colectivos rondaban en su trabajo con ellos.
 Cuando el gobierno de turno cae, José y su grupo huyen, y regresa deportado a Perú. Ya ahí, José perdió todo, sus valores, su dignidad y su paz, solo deseando morir. Y en ese estilo de vida, cae preso. Así que estando en prisión, hace un pacto con Dios pidiendo porque lo rescatara, y así es dejado en libertad, y al salir de la cárcel, olvidó su promesa… pero pasado el tiempo, reflexiona y decide cambiar al ver su deplorable estado. Así es como llegó a tocar la puerta de una iglesia que le recibió con los brazos abiertos; y estando ahí, entregó su vida a Jesús.
 Los cambios llegaron a su vida inmediatamente, no más drogas ni crimen. José se convirtió en misionero y restauró por completo su vida, encontrando el amor. |