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Experiencias de vida
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Abuso sexual, violencia, abandono y miseria serían solo algunas de las experiencias que marcarían la vida de Rodrigo Ruiz.

Su mamá trabajaba de sirvienta, y en esa misma casa, los patrones trataban a Rodrigo como si fuera hijo de ellos, a la par de todas las comodidades que podía tener un niño que sea feliz.

Pero aquella felicidad duraría muy poco ya que su mamá decidió llevarlo a conocer a su papá, un completo extraño en su vida. Solo que en esa primer visita, su padre pidió dejarse el niño, deseo que su madre concedió. Sin embargo toda la ilusión que Rodrigo tenía acerca de su padre rápidamente desapareció.

Llegaron a una ramada con techo de teja, lugar que iba a ser su nuevo hogar, además su padre le impuso una nueva madre y nuevos hermanos, aun sabiendo Rodrigo que él ya tenía su familia, pero no tuvo más opción que aceptarlo. Y desde aquel momento su vida se convertiría en una experiencia interminable de dolor y sufrimiento.

Su padre lo obligó a ir a trabajar a un campo donde se cultivaba marihuana y Rodrigo con tan solo 6 años de edad, aprendió el negocio de siembra de su padre. Pero este no solo lo pondría a trabajar por largas horas sino que este hombre iría mucho más allá.

A los días lo obligó a fumar y al negarse le pegó y lo forzó a hacerle sexo oral. Desde ahí ya no lo dejó dormir en la casa bien. Rodrigo no comprendía porque su desconocido padre se ensañaba contra él, hasta llegar al punto de solo darle de comer una porción de 5 frijoles contados y el castigo llegó al máximo cuando con hambre, Rodrigo quiso comer más de lo impuesto y su padre lo llevó al río para intentar ahogarlo.

El sentir tan cerca la muerte lo llevó a hundirse en una profunda depresión y un angustioso dolor, pero alguien llegaría en su ayuda, su madre regresó para llevárselo, a pesar de las amenazas a base de la escopeta de su padre.

Los años pasaron y Rodrigo y su madre se convirtieron en caminantes que iban de un pueblo a otro buscando trabajo para poder sobrevivir, comiendo tortillas que alguien les regalaba en la calle, que ellos acompañaban con corteza de árbol.

Rodrigo no solo debía soportar el hambre y la miseria, pronto tendría que soportar también la conducta extraña de su madre, quien se desquitaba pegándole a la gente y tirando piedras, conducta que hacía que los echaran de los pueblos. Al tiempo ella falleció y Rodrigo quedó al cuidado de varias familias que lo explotaban y maltrataban físicamente.

Esto generó en Rodrigo epilepsia, con ataques a cada rato. Al darse cuenta que no mejoraba su salud, las autoridades del pueblo decidieron enviarlo a la capital a un centro cristiano de restauración.

Ahí empezaron a platicarle de Dios y de cómo si perdonaba a quienes le habían hecho daño, su vida podía cambiar para bien.

En aquel lugar Rodrigo descubrió que había esperanza para él porque encontró el amor de Dios.

Rodrigo le entregó por completo su vida al Señor, dándole su corazón y desde aquel instante logró sanar su mente, su corazón y mejoró su estado de salud.

Hoy Rodrigo sabe que el pasado ya pasó y que puede decir a los cuatro vientos, que es libre gracias a Cristo.

 
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