Un insulto quedó grabado en su corazón durante años… hasta que descubrió lo que Dios decía de él.
Desde muy joven, Arián Cosío cargó profundas heridas emocionales provocadas por el desprecio, el maltrato y palabras que marcaron su corazón. Buscando escapar de su dolor, encontró en el fútbol un refugio temporal, pero las cicatrices que llevaba por dentro seguían creciendo.
En este poderoso testimonio, Arián comparte cómo las experiencias de su infancia lo llevaron a luchar contra el odio propio, la falta de valor personal y una profunda desesperanza. Sin embargo, cuando todo parecía perdido, descubrió que Dios tenía un propósito para su vida.
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